Cosas por todos lados.
Por todo el mundo cosas que nos hacen tropezar.
Cosas por ahí arriba, flotando.
Basuras que se chocan sin saludarse primero.
Estrellas atónitas que no entienden nada.
Cosas llenas de polvo y olvidadas encima de los armarios.
Fondos de cajones llenos de facturas y resguardos y tickets y cartas de amor.
Cosas que aparecen sin pasado ni memoria.
Cosas que nos catapultan al quinto pino.
Cosas sin formas, como un trozo de cera pegado a un imán que trae consigo un trozo de llave rota.
Un trozo de llave,
de llave rota.
Tornillos, chinchetas, el alambre de una botella de champán, y un lápiz sin punta pegado al fondo de la caja de herramientas. Una piedrecita blanca de alguna playa o de un río o de un parque. Una piedrecita blanca de la suerte.
Pilas más que gastadas, pesetas y un duro, un mechón del pelo de mi hermana mayor y un sombrero de la Nancy.
Gafas de sol sin cristal en un ojo, tijeras sin punta que no cortan ni el papel, agenda intacta del 2000. Mi cumpleaños cae en martes. Jaboncito con forma de rosa, velas de cumpleaños sin abrir.
Pero un arcoiris no es una cosa.






