Entrevista a Felipe Ortega Regalado – Por Diana Velásquez – Plataforma de Arte contemporáneo – PAC.

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Entrevista a Felipe Ortega Regalado

BY DIANA VELÁSQUEZ

Felipe Ortega Regalado (Cáceres, 1972) es antes que nada un alquimista. Observador de la materia y de la energía y del potencial del autoconocimiento, ha sabido volcar toda esa información a través de su obra plástica y literaria, además de ser un guía experto en materia de conciencia y autodescubrimiento.

Su práctica artística ha atravesado distintas disciplinas como el vídeo, la pintura, la fotografía y dibujo. Esta última técnica es poderosa e hipnótica, atrapa por ser lúdica y a la vez meditativa. Invita a entender el todo a través de lo pequeño y cotidiano, de lo sencillez y la humildad.

Los poemas y las reflexiones de Felipe en redes sociales son siempre una oportunidad de hacer un viaje interior. No es posible quedarse indiferente ante sus palabras que a veces curan y otras veces cortan y dejan en exposición al lector.

Actualmente comparte cartel con Consuegra Romero en la exposición ‘Un encuentro’ en 13EspacioArte de Sevilla, de la mano de la comisaria Susana Blas, donde se puede hacer un recorrido por diversas etapas de su obra además de la bella y oportuna interacción de las obras.

 

Diana Velásquez –  Felipe, ¿cuándo supiste que las Bellas Artes eran un medio de expresión básico para ti?

Felipe Ortega Regalado – Yo no lo sabía, me lo señaló mi tía Elvira, hermana de mi padre, una gran profesora de piano de conservatorio, al verme un día tallar un arbolito en una pastilla de jabón Lagarto. Yo tenía 15 años. Pero desde que tengo uso de razón he estado siempre enredado en alguna tarea artística. Así que fue ella quien me animó a inscribirme en la Escuela Taller Eulogio Blasco de Cáceres, en mi ciudad natal. Mis padres lo vieron muy adecuado y así hicimos. Transcurridos 8 años y después de pasar por el taller de cerámica, escultura y dibujo, fueron ellos los que me animaron a mudarme a Sevilla para hacer Bellas Artes, donde me licencié en la especialidad de pintura.

Tuve mucha suerte con los adultos de mi entorno, que vieron en mí ciertas inclinaciones artísticas y me alentaron. Sé que no es lo común, al menos en mi generación. Muchos compañeros han sufrido justo lo contrario y lo han tenido muy difícil para poder estudiar o dedicarse a ello y lo han tenido que hacer sin apoyo. A mí, sinceramente, jamás se me ocurrió que yo tuviera algún tipo de habilidad o talento, y mucho menos que dedicarse al arte pudiera llegar a ser una profesión.

Diana Velásquez –  ¿Y en qué momento empiezas a escribir poesía?

Felipe Ortega Regalado – No podría decir un momento exacto. No me recuerdo sin escribir o dibujar. Desde siempre he llevado a cuestas diarios y cuadernos, donde volcaba todo mi mundo interior. Aunque es cierto que, en un momento dado, en mi adolescencia y con el desarrollo de mi sexualidad e identidad, y gracias a las relaciones que mantuve, algunas, la mayoría de ellas buenas y recíprocas, y otras no tanto, pude empezar a entender el poder sanador que trae consigo escribir lo que se piensa y siente. Es algo obvio que la escritura y el dibujo tienen esa capacidad terapéutica de ordenar nuestro interior.

Para mí, escribir es algo instintivo, una necesidad que nada tiene que ver con lo que uno expresa en voz alta, sino con revelar lo que no puede ser dicho de otra manera.

Por otro lado, no sé si lo que escribo son poemas. Sí sé que vivo en la poesía y que mi mirada es poética, algo que agradezco y disfruto profundamente, pues me hace sentir muy vivo y conectado.

Diana Velásquez –  ¿Cómo se conjugan hoy todas estas prácticas, en las que llevas buceando más de 30 años?

Felipe Ortega Regalado – Antes indagaba mucho más que ahora en técnicas y disciplinas, como el vídeo, el arte de acción o la pintura de gran formato, incluso la fotografía. Podría poner dos ejemplos para hablar de ello. En el 2006 creé una serie titulada “Estirpe”. Aquí la palabra ya empezó a ser bastante protagonista en mi obra. Se trataba de dar una vuelta de tuerca al concepto de “encargo”. Así pues, pedí a algunas personas que me describieran un cuadro que se inventaran para mí. El resultado fue muy interesante porque en la exposición se podía ver al unísono, el vídeo donde la persona describía verbalmente una idea, y justo al lado, la pintura resultante  que yo había interpretado. De esta manera lanzaba al espectador a un lugar un tanto incómodo, pero a la vez muy sugestivo. Ya que, al escuchar la descripción del vídeo, no le quedaba más remedio que pintar sobre lo pintado; hacer de pintor y a la vez de juez o crítico. Otro concepto que también iba implícito en esta serie, versaba sobre la propiedad intelectual. Si yo había pintado un cuadro, pero desde la idea de otra persona, ¿a quién pertenece realmente esa obra? Se abría un debate entre la prevalencia de la idea y su ejecución material y técnica.

En otra de las propuestas, “Criptografías”, 2009, indagué sobre la concatenación de disciplinas. Donde reflexionaba sobre la pintura expandida y la decoración. Todo partía de la acción que supone encontrar el lugar donde una pintura habrá de ser ubicada una vez sale del estudio. Me pareció interesante apreciar el juego compositivo que surge cuando se sujeta una pintura en la pared y alguien mira la escena para centrar el cuadro. Pintar con una pintura las paredes de una casa o un museo, se convirtió en una performance susceptible de grabarse en vídeo. Y así lo hice. Pinté varios cuadros de pequeño formato, y algunos de ellos se convirtieron en personajes dentro de una escena cinematográfica bastante críptica. Una vez se grabo y editó el vídeo, pude darme cuenta de que había algunos clips que podrían funcionar como fotografías. Así que reescenifiqué algunas secuencias y preparé a los actores de nuevo, pero ya con otra luz y otro talante. El resultado entonces quedó así: de la pintura a la acción, de la acción al vídeo, y del vídeo a la fotografía; una fotografía donde había una pintura que era la protagonista y los actores meros marcos sostenedores.

Todo aquello quedó atrás, y lo miro con amor y gratitud. Esa etapa me aportó mucho, pero hoy en día me siento mucho más cómodo en la sencillez del dibujo y la escritura. El dibujo como plataforma observable y motivadora del lenguaje poético. No el dibujo como mera ilustración de un texto. Esto último no me interesa tanto.

Diana Velásquez –  Al mismo tiempo parece que nos invitas a aprender a ver, a leer atentamente aquello que está delante de nosotros como un espejo del mundo. Como ese poema tuyo: “Cuando seas capaz de no ver tu historia en aquello que miras, verás”.

Felipe Ortega Regalado – Sí, esa es mi propuesta de fondo. Animar al espectador a hacerse consciente de la esclavitud que supone nuestro sistema de pensamiento, y de cómo este distorsiona lo que vemos, alejándonos del vínculo desnudo ante la obra. Nuestra historia personal lo intoxica todo, de ahí tanta crítica zafia y sin contenido profundo. Para ver de manera limpia y sincera deberíamos abrirnos en silencio al poder de la imagen que nos confronta.

Si yo sé que esa flor es una rosa, y he tenido malas experiencias con las rosas, o por algún motivo, he clasificado a las rosas como flores tópicas y cursis, y rechazo a las rosas; cada vez que yo vea una rosa, no la estaré viendo realmente. Lo que veré será lo que he construido artificialmente desde mi historia personal. Así se construyen los muros entre unos y otros, entre nosotros y las cosas del mundo. En este supuesto, lo que yo me cuento de la rosa, solapa la flor que ES.

Desligarse del diálogo interno nos catapulta a un mundo lleno de posibilidades perceptivas, sensitivas y estéticas. El pensar debe venir luego, cuando uno trabaja sobre lo realizado. Si no hay silencio nos perderemos la experiencia real con el misterio de aquello que emerge en nuestro campo.

El dibujo contiene una información valiosísima que llega del inconsciente. Me refiero a un dibujo libre y sin censura, no a un dibujo medido o premeditadamente pensado. Si me libero de lo que pienso que es bueno o malo, feo o bonito… Si logro salirme fuera de esa ecuación tóxica por una mala pedagogía que el sistema nos ofrece, el dibujo puede traernos soluciones, complacencias, desahogos, y también oportunidades de vivirnos de manera mucho más benévola. El dibujo nos ayuda a querernos y a madurar, a limpiarnos de impurezas. No el dibujo en sí mismo, que puede contener cierta gracia en lo que se refiere a la liberación de ciertas emociones inconscientes, sino lo que yo luego hago y digo de mí cuando miro ese dibujo. Una vez escribí algo que resume esto: Es mucho más difícil mirar un dibujo que dibujarlo. Un dibujo no puede mejorarse, pero la mirada hacia él sí.

Diana Velásquez –  La naturaleza, presente a lo largo de toda tu carrera, para mí invita a la vez a realizar una mirada con conciencia plena y al mismo tiempo a entenderla como una sinécdoque, una interacción.

Felipe Ortega Regalado – Así es. En una pequeña semilla está todo el bosque. Pero solemos caer en la idea de que lo complejo y laberíntico son sinónimos de inteligencia, rechazando que la verdad pueda ser sencilla y fácil. Sin embargo, no hay nada más sofisticado que una pequeña flor que el viento acaba posando sobre la solapa de una chaqueta de alguien que está triste. Al mirarla puede sonreír y comprender profundamente que su soledad solo es un espejismo. La flor como mensajera de la Gran Verdad: estamos aquí para liberarnos de la proyección idealizada de lo que desearíamos ser, cuando en realidad ya hay y somos todo lo que necesitamos.

No hay camino más directo para entender el funcionamiento de la vida como observar la naturaleza. Ella es la auténtica Maestra, la primera Madre. Ella, con su ferocidad y calidez nos dice que todo tiene un orden y un diseño, y que este, siempre superará al deseo personal, que suele ser caprichoso e infantil. Es obvio que la inteligencia del ser humano es un prodigio, pero hasta que no entendamos que esta inteligencia está dentro de otra mayor, y rodeada de inteligencias variables y diferentes; hasta que no sintamos que no somos el centro del universo, me temo que seguiremos chocándonos unos con otros, porque no nos podemos ver desde ahí. Y seguiremos dando bandazos en la estúpida quimera de domar lo que está por encima y alrededor de nosotros. En realidad, la pelea es interna, como lo hace un niño cuando no se sale con la suya y le cuesta sostener su frustración ante un límite que viene impuesto por destino. La Vida, que para mí es la Gran Madre, sabe que a ese niño no le puede dar todos los días un caramelo antes de comer. La Gran Madre, aguanta impertérrita la rabieta del niño, porque sabe ser paciente. Ella sabe que, tarde o temprano, el niño acabará entendiendo.

Diana Velásquez –  Tus dibujos han sido calificados de muchas formas, eróticas, elegantes, prudentes, contemplativas, anatómicas, sofisticadas, místicas, criptográficas, paronomásticas, tántricas, o que llaman a una meditación. Cómo definirías tú tus dibujos?

Felipe Ortega Regalado – Como pequeños Frankensteins, construidos desde diferentes cuerpos (mineral, vegetal, animal y humano) y con la capacidad de atraer y asustar con una inocencia que a veces es abominable.

Mis dibujos son criaturas que contienen el germen de una paradoja que se ramifica exponencialmente en sus significados. Son al unísono la Luz y la Sombra que todos contenemos. El dolor y el placer de la materia trascendida.

Como creador me asusta y a la vez me fascina, el poder que puede llegar a tener una imagen. Imagen que, una vez materializada, tiene su propia autonomía y recorrido, como Frankenstein.

Veo mis dibujos en este fragmento de la película.

 

Diana Velásquez –  La serie de vídeos “sobre la reconciliación” de 2010, es muy interesante, es caleidoscópica. De dónde proviene la idea y la necesidad de hablar de este tema, que a día de hoy me parece tan pertinente.

Felipe Ortega Regalado – Al principio fue una mera diversión, y jugar con los dibujos en el programa de edición de vídeo  y verlos moverse me cautivó. Animarlos era algo increíblemente hipnótico. Como si por fin los dibujos pudieran danzar al compás de una vibración interna que yo siempre había sentido al dibujarlos. Más adelante, vi que aquello contenía el germen de conceptos que siempre me han interesado, lo fractal y lo caleidoscópico. Es para mí muy sugerente todo aquello que no termina ni empieza, y lo que puede variar simplemente moviendo el centro sutilmente, unos milímetros: es lo mismo, pero a la vez no.

Diana Velásquez –  Cuando vi esta serie, así como muchos de tus dibujos, no puedo parar de pensar en la teoría cuántica, que incluso un agujero negro emana radiaciones que interactúan de forma corpuscular…

Felipe Ortega Regalado – No tengo gran idea sobre ello, aunque he leído algunas cosas sueltas que me impresionan e interesan. Es cierto que lo microscópico me llama mucho la atención, quizás por aquello de “como es arriba es abajo – como es adentro es afuera”, y como no tengo manera de entender desde lo científico ese mundo tan complejo, el estudio de la astrología humanística, que es pura vincularidad, me ofrece la posibilidad de satisfacer esa parcela.

Si aumentamos en el microscopio, al máximo de nuestras posibilidades técnicas, cualquier objeto, lo que veremos será puro vacío. De materia hay un tanto por ciento bastante ridículo. Para mí esto es pura poesía. De ahí que, en varias series que he realizado, el negro sea muy importante, porque es la metáfora perfecta para hablar de la Nada como espacio misterioso e insondable lleno de posibilidades.

La cuántica está dando explicación a cosas que ya nos contaban los grandes maestros de la meditación hace siglos. La importancia del Vacío, de la Nada, del Observador ecuánime que no juzga, solo atestigua.

En esta entrevista que se le hace al catedrático de Física Cuántica J. Ignacio Latorre, podemos entender algunas claves de lo cuántico. Si uno medita o crea, lo comprenderá muy fácilmente. Él, en solo dos minutos nos lo explica de manera fácil y a la vez poética. Del minuto 16 al 18 .

Diana Velásquez –  En la actualidad impartes talleres que conjugan la creatividad con lo metafísico.  ¿Qué es la auto indagación Vedanta?

Felipe Ortega Regalado – Sí, desde hace tiempo imparto talleres de Meditación, Creatividad, Astrología Humanística y Nuevas Constelaciones Familiares, donde acompaño a los interesados en un viaje de conocimiento que va más allá de la acumulación de conceptos. Es algo que me encanta y siento que debo hacer. Estar al servicio del bienestar común es mi verdadera vocación.

En estos talleres el fin último es la liberación de gran parte del sufrimiento que nosotros mismos nos proporcionamos. Aprendemos, yo el primero, a aceptarlo todo sin que esto nos lleve a la pasividad o al conformismo.

La autoindagación vedanta, es en esencia una invitación a conocer nuestra verdadera identidad. Identidad camuflada en aquello que podemos observar. Si algo puede ser observado es que no lo soy. Yo soy el que observa incluso al observador. Poniendo un ejemplo fácil para entenderlo: yo no soy el ojo que ve, ni lo que ve el ojo; yo soy el Ver mismo.

Diana Velásquez – ¿Cómo entiendes hoy el quehacer plástico y el circuito artístico?

Felipe Ortega Regalado – Me interesa el quehacer plástico, no tanto el circuito artístico, que es excesivamente endogámico. Yo ya perdí el miedo a caer en el ostracismo. Creo que me debo a mi obra y solo a ella. Así que todo mi tiempo se lo dedico gustosamente. Por supuesto que no rehuyo de ir a ver exposiciones y seguir compartiendo con mucha gente, pero mi prioridad es estar centrado en mi trabajo. Finalmente, la obra será quien tenga algo que decir y aportar.

Diana Velásquez –  ¿Qué proyecto llevas tiempo queriendo realizar?

Felipe Ortega Regalado – Una película. Sueño con ser director de cine al estilo Torkoswski,  D. Lynch, o Jim Jarmusch.

Diana Velásquez –  Finalmente, ¿qué viene para ti este 2022?

Felipe Ortega Regalado – Estoy muy ilusionado con dos proyectos editoriales y expositivos que llevo conjunto con dos compañeras.

Uno de poemas escrito por Esperanza López García, en el que me inspiro para crear una serie de 35 dibujos.

El otro libro es con Eva del Fraile Fiz. Ella pinta y yo escribo desde sus creaciones cuentos canalizados llenos de parábolas y alegorías.

También hay una exposición individual que espero pueda llevarse a buen fin en la Galería de Luisa Pita en Santiago de Compostela.

Y por supuesto seguir con mis talleres y consultas.

 





 

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